Esta vez, muy bien referida por el Profesor Carlos Ivorra
Y yo que me meo toa...
CONTRA LA VIOLENCIA DE
GÉNERO
Cierta vez probaron dos máquinas traductoras
inglés-ruso
y ruso-inglés con una traducción doble: Le pusieron a la
primera la frase:
El
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.
Al traducirla al ruso y luego del ruso al inglés el resultado
fue:
El vodka es
bueno, pero la carne está estropeada.
Esta anécdota ilustra una característica fundamental de
las lenguas naturales: no son algo mecánico que pueda manejar
eficientemente una máquina o, dicho de otro modo, para entender
cualquier frase cotidiana, un hablante necesita usar su inteligencia en
un grado muy superior al que hoy por hoy puede exhibir un ordenador.
Ésta es la razón por la que muchos chistes se basan en
lo
ridículo que resulta que alguien interprete literalmente,
maquinalmente una frase, como el del matrimonio que discutía
hasta que, en un ataque de rabia, le mujer le dijo a su marido:
- ¡Pues que sepas que nuestro hijo
no
es en realidad hijo tuyo!
- ¡Ni tuyo tampoco!
- ¿Cómo no va a ser mi hijo
hijo mío? ¿tú eres idiota?
- ¿Recuerdas cuando, estando en el
hospital, me dijiste, "ve y cambia al niño"?, ¡Pues lo
cambié!
Sólo un personaje caricaturesco como este marido de chiste (o
una máquina) podría entender "cambia al niño" en
sentido literal. Todo hablante normal tiene la inteligencia y la
cultura suficiente para detectar la
sinécdoque
por la que "el
niño" quiere decir "los pañales del niño", aunque
esto no venga en la definición de "niño" de ningún
diccionario.
En la genial serie
"El
superagente
86" aparecía un robot con
aspecto humano, pero su naturaleza mecánica se revelaba
precisamente por su ineptitud con el lenguaje: todo lo entendía
literalmente, si oía "aquí hay gato encerrado" se
ponía a buscar el gato por todas partes. La literalidad en el
lenguaje ha sido un recurso usado en muchas ocasiones por guionistas de
comedia para ridiculizar robots, extraterrestres, o incluso extranjeros.
Pero lo ridículo se vuelve patético cuando sale de los
chistes y las películas y entra en la realidad: entonces no da
ganas de reír porque da ganas de llorar. Me refiero a lo que
sucede cuando le preguntas inocentemente a alguien
"¿tienes hijos?" y te
encuentras con respuestas cómicas como
"no, sólo dos hijas", o
"sí, y además dos hijas".
No son casos aislados. Acabo de recibir un panfleto publicado por la
Universidad de Valencia (o
Universitat de València para
los que en vez de
me voy a Alemania dicen
"me voy a Deutschland"), en el
que se recomienda a su personal "usar un lenguaje
igualitario" (supongo que "igualitario" querrá decir llano, sin
matices, para tontos de chiste sin la inteligencia y la cultura
necesarias para entender el lenguaje normal). Así, los nuevos
Nebrijas recomiendan sustituir el buen castellano de
Los alumnos que quieran ver su examen
deberán anotarse en una lista a tal efecto.
por chistes como
Los alumnos y las alumnas que... o
Los/as alumnos/as que... o
(éste es
el mejor de todos)
L@s alumn@s que...
Si fueran chistes y no realidades, la gracia estaría clara:
los
que hablan y escriben así confunden dos palabras tan diferentes
como
sexo y
género. Si fuera un mero problema
de incultura el remedio sería sencillo: bastaría un par
de consultas al diccionario (concretamente, he consultado la
Enciclopedia Larousse):
Sexo: Carácter físico permanente
del individuo humano, vegetal o animal que permite distinguir en cada
especie individuos machos de individuos hembras.
Género: Categoría gramatical basada en la
distribución de los nombres en dos o tres clases (masculino,
femenino, neutro) de acuerdo a un cierto número de propiedades
formales (género gramatical), a las cuales se asocian a menudo
criterios semánticos derivados de la representación de
los objetos del mundo (género natural).
No se parecen mucho. Pese a ello, cada vez hay más gente en
cuyos diccionarios - al parecer - no vienen estas palabras y usan una
por otra. Por ejemplo, cuando una persona agrede a otra de sexo
opuesto, hay quien habla de
violencia
de género, cuando obviamente se trata de
violencia de sexo. Quizá
más de uno al ver el título de este artículo ha
pensado que iba a tratar sobre violencia de sexo, pero no, trata sobre
la violencia de género, esto es, de la cada vez más
frecuente violación del concepto de género, brutalmente
identificado con el de sexo.
Por increíble que pueda parecer, cada vez hay
más hablantes convencidos de que
masculino
es sinónimo de
macho y
femenino es sinónimo de
hembra. Ningún hablante puede
llegar a estas identificaciones sin renegar de la inteligencia que la
naturaleza le ha dado. Por ejemplo, nadie fuera de un chiste puede leer
que
Juan es una persona muy
simpática y deducir que Juan es una hembra (porque
simpática es una palabra femenina),
o leer que
María es un ser
imprevisible y concluir que María es un macho. Volvamos
al diccionario:
Masculino: 1) Propio del varón. 2)
Dícese del género gramatical que se opone al femenino en
una clasificación de dos géneros, o al femenino o al
neutro en una clasificación de tres géneros. (El
masculino representa a menudo el término "macho" en el
género natural que se basa en la oposición de sexos: se
le llama entonces no marcado con relación al femenino.)
Es fácil comprender qué dificultades podría
tener
un robot o un extraterrestre a la hora de comprender cabalmente esta
definición. Por lo pronto, "masculino" es una palabra
polisémica: a veces es sinónima de varón (o
macho), pero también puede usarse como un concepto gramatical,
que es otra cosa. Para más
inri,
"masculino" en su sentido
gramatical representa a veces el concepto de "macho", pero a veces no.
Y ése es el problema: una máquina puede entender
fácilmente la noción de "siempre", pero lo de "a veces",
hoy por hoy, requiere ineludiblemente el ejercicio de la inteligencia.
Por ejemplo, una máquina entiende sin dificultad una orden como
"siempre que veas
"huebo"
cámbialo por
"huevo",
y con una lista
de órdenes como ésta tenemos un corrector de
ortografía que hasta puede funcionar competentemente en un
programa de Microsoft. En cambio, digerir que "el niño" a veces
significa "el niño" y a veces "los pañales del
niño", o que "masculino" a veces sea "macho" y a veces no, eso
ya es más complicado.
Pero hablamos de máquinas; para un ser humano normal no
debería ser complicado. La propia definición lo explica
(aunque un tanto crípticamente, la verdad sea dicha). Vamos a
explicar eso de
"género no
marcado con relación al femenino". En el caso de palabras
asociadas a seres con sexo, por ejemplo, "hijo", tenemos por una parte
la oposición gramatical
hijo/hija
y por otra la oposición biológica
macho/hembra, pero la relación
entre ellas no es la obvia, que pondría la competencia
lingüística al alcance de Microsoft. El género
masculino
hijo no se corresponde con
el concepto de
macho, sino que, tal
y como indica el diccionario, es el
género
no marcado: no marca, no distingue al individuo como macho, sino
que es aplicable indistintamente a machos y hembras, mientras que el
género femenino
hija
sí que es un
género
marcado, que distingue como
hembra
al individuo al que se aplica.
Ante la pregunta
¿tienes
hijos?, un castellanohablante no salido de un chiste entiende
que
hijos no marca al objeto
de la pregunta, es decir, que el que formula la pregunta no está
haciendo distinciones de sexo. Una respuesta no de chiste sería,
por ejemplo,
"Sí, tengo tres,
dos hijos y una hija." Un extraterrestre que leyera esto
protestaría: ¡Alto! dices que "hijos" incluye a ambos
sexos, luego habría que decir
"tengo
tres hijos (dos machos y una hembra) y una hija." pero es
que el castellano no está pensado para extraterrestres: sucede
que "hijo" significa estrictamente "macho" cuando aparece junto al
femenino "hija" (disculpen los lectores terrícolas si les aburro
con obviedades, pero piensen que para los extraterrestres esto es
duro). Así, si por algún motivo sólo estoy
interesado por los descendientes hembras de alguien, me bastará
preguntar
"¿tienes hijas?",
mientras que si me interesan los descendientes machos no puedo
preguntar
"¿tienes hijos?",
ya que, según hemos visto, esto significa otra cosa. La pregunta
correcta es
"¿tienes hijos
varones?". Porque "varón" sí que es una palabra
marcada estrictamente como masculina (en el sentido sexual,
además de en el
gramatical).
Técnicamente, nada impide preguntar
"¿Tienes hijos o hijas?",
pero con ello incurrimos en el vicio conocido como
pleonasmo (que
grosso modo quiere decir
pedantería). Tal construcción puede ser aceptable en
situaciones muy concretas con valor enfático, como cuando un
jefe de pista de un circo dice
"¡Señoras
y señores, niños y niñas!", o, más
simplemente, cuando alguen inicia un discurso con un educado
"Señoras y señores".
Pero la
violencia de género
que supone desdoblar mecánicamente cada sintagma en dos como si
el masculino fuera sinónimo de macho, eso sólo puede
entenderse como que el que habla está de broma, o es un pedante,
o un ignorante, o un extraterrestre, o un traductor electrónico
de Microsoft. No tiene más explicaciones posibles.
Y yo me pregunto: ¿por qué los defensores
acérrimos
de la violencia de género no propugnan con el mismo
énfasis la violencia de número?
Porque igual que el masculino engloba al femenino, el plural engloba
al
singular, pero si las luces de alguien no le alcanzan para entender que
no hace falta preguntar "¿tienes hijos o hijas?" para cubrir
todas las posibilidades sobre el sexo, tampoco debería entender
cómo es posible preguntar en plural cuando tal vez el
interrogado sólo tenga un vástago. La pregunta "correcta"
debería ser:
"¿Tienes
un hijo o una hija o algunos hijos o algunas hijas?"
Teniendo en cuenta estas sesudas consideraciones, el profesor que se
dirige a los alumnos (o alumnas)
interesados (o interesadas) en revisar sus exámenes
estaría cometiendo una injusticia en el supuesto de que
sólo hubiera un interesado (o interesada), pues una mujer cuya
incultura le lleve a sentirse despreciada si la incluyen en un sintagma
masculino también debería ofenderse si, siendo una, la
incluyen en un plural (es una despersonalización intolerable).
El profesor purista deberá decir:
El alumno, o la alumna o los alumnos o
las
alumnas interesado o interesada o interesados o interesadas en ver su
examen o sus exámenes deberá o deberán anotarse en
una lista a tal efecto.
Habrá que desterrar expresiones insufribles como llamar
"un par de pantalones" a lo que es
una única prenda de vestir, o hablar de
"las aguas del Caribe", puesto que
todo
ordenador sabe que el agua no se puede contar, y, en suma, que singular
significa uno y plural más de uno, sin término medio.
Y si propugnamos la violencia de género junto a la violencia
de
número, ¿por qué detenernos ahí y no
perpetrar también la
violencia
de tiempo? Al fin y al cabo, todo necio sabe que el accidente
gramatical "pasado" se aplica a lo sucedido antes de hoy, el "presente"
a lo que pasa ahora y el "futuro" a lo que aún no ha pasado. Y
frases como
"me casaba el mes que
viene, pero he cambiado de idea" son sólo viles tretas de
las personas normales para colgar el software de Microsoft, porque
ningún extraterrestre
usaría un verbo en pasado con un complemento futuro como
"el mes que viene".
¿No es discriminatorio y excluyente hablar en presente a unos
estudiantes que tal vez no hayan decidido aún si quieren ver su
examen? ¿Es que los indecisos no tienen los mismos derechos que
los más resueltos? Un profesor educado no puede menos que tener
esto en cuenta y negarse por principio a que un tiempo verbal incluya a
otro, y en consecuencia debe (y debía, y deberá) redactar
así:
El alumno o la alumna o los alumnos o las
alumnas que haya estado, esté o vaya a estar o hayan estado o
estén o vayan a estar interesado o interesada o interesados o
interesadas en ver su examen o sus exámenes debe o deberá
o deben o deberán anotarse en una lista a tal efecto.
Y en este proceso de convertir el castellano en una lengua
exótica, es difícil no acariciar la idea de convertirse
en adalid de la
violencia de modo,
o
de persona, o incluso
de aspecto, pero
escribir ejemplos de frases respetuosas con tales principios
supondría diseñar una jerigonza que superaría las
habilidades de las personas normales, acostumbradas a
hablar lenguas naturales, y sería preciso cambiar algunas
neuronas por circuitos electrónicos con software de Microsoft.
Terminaré con una reflexión: es frecuente oír a
profesores universitarios que se quejan de que los alumnos escriben con
faltas de ortografía. No seré yo quien disculpe las
faltas de ortografía, que ciertamente son algo deplorable, pero
en comparación, ¿quién tiene una carencia mayor,
quien no
sabe hacer algo que hasta un programa de Microsoft puede hacer
(respetar la ortografía) o quien no sabe hacer algo que requiere
inteligencia para hacerse bien (hablar y redactar con propiedad)? Yo he
visto a alumnos escribir
hayar
o
escojer, pero nunca
les he visto atentar contra el género (ni el número,
etc.). Las faltas de ortografía son mera dejadez; la violencia
de género, en cambio, es una deficiencia lingüística
mucho más profunda que incapacita para comprender textos
fundamentales como éste:
Los españoles son iguales ante la
ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por
razón de nacimiento, raza, sexo,
religión, opinión
o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Constitución
Española, artículo 14
Pero no hay que alarmarse. El mundo no
está peor que hace dos mil años. Ya lo decía
Cicerón:
Stultorum infinitus
est numerus.
Y yo me pregunto: Nuestros políticos han ido a la escuela?...